miércoles, 5 de agosto de 2015

Reverberación.

...¥ yo era muchas veces yo,
y tú eras muchas veces tú.
Así que éramos muchas veces nosotros,
tanto como éramos nosotros mismos muchas veces...

Errantes.

La cosmoagonía colgada en el cuello,
el tequila matándote a palos un domingo,
el deceso del verano en otoño,
un panal de angustia.

Días fúnebres
  de espalda encorvada,
y el vendaval gélido
que matará a los pobres de hambre.

Cuando estemos muertos.

Cuando la linfa, el flujo,
revientan tus ojos, tu boca,
entonces sale ese destello,
el que viene del infierno.

La más bonita flor
en medio del cieno,
caos, (caos)
quién dijo eso no es bueno.

Y reptar, reptar,
por todo lo que emanas.
Y beberte, loco,
hasta tu rabia.

Y cuando estemos muertos, amor,
no habrá locos e insanos,
sólo el laberinto,
sólo gusanos y amarnos.

El noticiero de medianoche.


En Bilbao, martes 4 de Marzo de 2014

Huele a canela, azúcar y anís. Un payaso bastante impaciente espera al autobús, y los superhéroes de metro veinte de cartón están en una divertida contienda para rescatar a sus princesas.
En el club El Edén han detenido a un conejo blanco por coser a puñaladas a un oso pardo ibérico. Alicia, enredada, se ha comido todas sus galletas. Los chicos de la ambulancia parecen no estar enmascarados. Quién sabe, quizá mañana estén repartiendo las cenizas.
Seguiremos informando.

El jersey azul.


Yo tenía un jersey azul,

con cuello de cisne,

me gustaba tanto.

¡Me quedaba tan bien!


Me lo ponía a diario,

hasta dormía con él.

Ya estaba roto,

de nuestras aventurillas.


Mi madre me decía:

"quítatelo, niña, que hueles mal"

Y mi padre:

"¡Niña cochina que estás sucia!"


Mis amigos se reían,

me sentaba sola en clase.

Me llamaban la del jersey azul,

la loca del jersey.


Pasaron los años,

dos o tres,

crecí bastante,

y se me quedó chico.


Lloré mucho,

mis padres se alegraron,

y yo tuve mucho frío

sin mi jersey azul.


En fin, lo lavé y se lo puse a una muñeca enorme

y salí a comprar otro.

Llovía mucho,

y no encontré ninguno


Preguntaba y me decían,

"esos jerseys ya no se venden,

ya no están de moda".

Y yo seguía buscando de pueblo en pueblo.


De pronto lo vi,

no era azul,

pero tenía cuello de cisne,

era rojo y tenía un corazón negro en el pecho.


Me gustó tanto

que por poco olvido mi jersey azul.

Casi era la hora de cerrar,

y reconozco que me costó algo caro.


Me lo planté, con etiqueta y todo,

y sonreí muchísimo,

aunque llegué a casa

empapada.


Y desde entonces todo sigue igual,

"quítate ese jersey, que hueles mal",

y "hay que ver, qué sucia estás",

y "quítate la etiqueta"

y "ahí va la loca del jersey rojo"

y se lo cuento a mi muñeca del jersey azul,

que tengo un corazón negro enorme en el pecho.

A veces.



A veces no distingo entre el bullicio y el silencio.
A veces no sé si te quiero,
ni lo que quiero.
Tampoco sé decir que no,
qué indecente.
No sé si pienso muy bien,
sinceramente.
A veces no sé si tengo hambre,
voracidad, o ganas de verte.
Si estoy sola,
o rodeada de gente.
A veces no sé si todo está ulcerado,
o si la amarquía crece entre lo malsano.
Si son las estrellas las que brillan,
o tu voz al otro lado.
Si la locura es una leyenda,
o algo cotidiano.
A veces busco el botón de escape,
pero no sé si mis ojos ven,
o están vendados.
A veces no sé si estoy al sol o a la sombra.
Sólo lo siento.
Algo parecido deben de sentir los caracoles.
A veces, a veces, peces.

Prospecto.


 
 
Efectos negativos sobre la salud derivados del abuso de la comunicación humana.

Deformación icónica y visual,
tumores acústicos,
conductas de riesgo, consumismo táctil
y confusión mímica irreversible.

Si considera que alguno de los efectos adversos que sufre es grave o si aprecia cualquier anomalía puede ser necesario que consulte a su médico o que acuda al hospital de inmediato.